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Casos reales de avalistas liberados en la Ley de la Segunda Oportunidad: lo que de verdad ocurre

  • Foto del escritor: Jorge Werner Montero Mundt
    Jorge Werner Montero Mundt
  • 2 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Introducción


Uno de los miedos más grandes cuando alguien se plantea acogerse a la Ley de la Segunda Oportunidad es que su avalista —normalmente un familiar o amigo— acabe pagando la deuda. Sin embargo, la práctica real demuestra que muchos avalistas no llegan a pagar nada, incluso en situaciones donde, en teoría, la entidad podría reclamarles. Aquí presentamos casos reales, explicados de forma clara, que muestran qué ocurre realmente con los avalistas cuando el deudor se acoge a la Segunda Oportunidad y por qué tantos acaban protegidos.


Caso 1: avalista con pensión mínima que no recibió ni una sola reclamación


María avaló a su hijo en un préstamo personal de 18.000 €. Él entró en la Ley de la Segunda Oportunidad tras varios años de impagos. Jurídicamente, el banco podía reclamarle, pero en la práctica hicieron lo contrario: no enviaron ni una carta.

¿Por qué?

  • María tenía una pensión mínima.

  • Vivía de alquiler.

  • No tenía bienes embargables.

  • La operación llevaba años provisionada.


El departamento de riesgos del banco archivó el expediente porque la reclamación tenía rentabilidad cero. El hijo consiguió la exoneración total y María nunca fue molestada.


Si quieres entender qué dice la ley sobre esto, revisa:



Caso 2: dos avalistas en la misma familia, pero solo uno fue contactado


Un autónomo tenía dos deudas diferentes:

  • Un préstamo personal avalado por su hermana.

  • Una póliza empresarial avalada por su padre.


Tras iniciar la Segunda Oportunidad:

  • La hermana recibió una carta, pero tras acreditar su insolvencia, la entidad cerró la reclamación.

  • Al padre ni siquiera le contactaron, porque su edad y su falta de bienes hacían inviable una demanda.


Ninguno de los dos pagó nada.


Para saber por qué ocurre esto, es útil ver la diferencia entre figuras:



Caso 3: fiador hipotecario que quedó totalmente protegido


Luis había firmado como fiador en una hipoteca de su hija. Cuando ella entró en la Ley de la Segunda Oportunidad, el banco ya había iniciado la ejecución hipotecaria, pero nunca fue contra Luis.


El motivo es sencillo:

  • En la hipoteca existía un bien real que absorbería gran parte de la deuda.

  • Luis tenía beneficio de excusión.

  • El banco sabía que no podía cobrar más que lo que obtuviera de la vivienda.


Este caso demuestra que el riesgo del fiador hipotecario es mucho menor que lo que la gente cree.


Si quieres entender cómo afecta cada tipo de préstamo, revisa:



Caso 4: avalista empresarial reclamado… pero finalmente liberado


En un caso empresarial, el deudor debía 70.000 € y el avalista era su socio. Cuando se inició la Segunda Oportunidad, el banco sí intentó reclamar al socio, pero solo hasta que se aportó documentación mostrando:

  • Pérdidas en su negocio actual

  • Cargas familiares

  • Ausencia de bienes

  • Historial de morosidad previa


La entidad decidió retirar la demanda antes del juicio. El deudor obtuvo su exoneración y el avalista quedó protegido.


Para conocer cómo actuar en estos casos, revisa:



Caso 5: avalista que se adelantó y evitó la reclamación con una estrategia previa


En otro caso, una mujer avaló a su pareja en un préstamo personal de 25.000 €. Antes de iniciar la Segunda Oportunidad, se envió una comunicación jurídica formal al banco explicando la insolvencia inminente y la falta de bienes de ambos. El banco actualizó la situación interna y archivó la posición del avalista antes incluso de que la deuda entrara en reclamación.


Cuando el deudor consiguió su exoneración, el avalista ya estaba totalmente protegido.


Aquí se explica cómo hacer esto correctamente:



Caso 6: avalista que decidió iniciar su propia Segunda Oportunidad


En un último caso, el avalista sí tenía riesgo real: buen sueldo y vivienda en propiedad. Tras valorar la situación, decidió iniciar también su propio procedimiento. Consiguió la exoneración y quedó totalmente liberado de la deuda avalada.


Esto demuestra que la Ley de la Segunda Oportunidad también es una salida poderosa para los avalistas cuando su responsabilidad es muy alta.


Si quieres ver qué hacer si ya eres avalista y te reclaman, consulta:



Conclusión


Los casos reales muestran algo muy claro: muchos avalistas no pagan nada, incluso cuando la teoría legal dice lo contrario. La clave está en:

  • la solvencia del avalista,

  • la antigüedad de la deuda,

  • el tipo de préstamo,

  • y la estrategia previa al procedimiento.


La Ley de la Segunda Oportunidad no exonera al avalista, pero la práctica demuestra que puede quedar protegido si se actúa bien.


Preguntas frecuentes

¿Es frecuente que los avalistas no paguen finalmente?

Sí. Más de la mitad de los avalistas no reciben demandas reales por falta de rentabilidad para la banca.


¿Depende del tipo de préstamo?

Muchísimo. Los personales son los más agresivos; las hipotecas y empresariales suelen dar más margen.


¿Puede el avalista pedir también la Segunda Oportunidad?

Sí, si está insolvente.


¿Es útil actuar antes de iniciar el procedimiento?

Es clave. La mayoría de protecciones eficaces ocurren antes de que empiece el procedimiento.

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